Elecciones y democracia

Primera vuelta: retrato de un sistema político colapsado, por César Guadalupe

22 mayo, 2026

Artículo de opinión de César Guadalupe, investigador del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP). Este texto fue escrito para el Punto de Equilibrio n°65.

Las elecciones generales del presente año han consolidado un proceso que ya se venía configurando con claridad desde hace una década: la incapacidad del sistema de partidos existente para constituirse en representación (incluso defectuosa, limitada, o parcial) de la ciudadanía, es decir, la inoperancia del sistema como mecanismo para generar una democracia representativa.

Esta nota busca documentar y sustentar la afirmación hecha en el párrafo precedente. Para ello, veamos, primero, un elemento clave de los resultados electorales de las primeras vueltas desde 1980:

Tabla 1: Votación lograda (en votos y como porcentaje del total de electores) por los dos partidos con mayor votación en las primeras vueltas: 1980-2026

 

Primer lugar

Segundo lugar

Combinado

 

Votos

%

Votos

%

Votos

%

1980

     1,870,864

28.9

     1,129,991

17.5

     3,000,855

46.4

1985

     3,457,030

41.4

     1,606,914

19.3

     5,063,944

60.7

1990

     2,171,957

21.7

     1,937,186

19.3

     4,109,143

41.0

2001

     3,871,167

26.0

2,732,857

18.3

     6,604,024

44.3

2006

     3,758,258

22.8

     2,985,858

18.1

     6,744,116

40.9

2011

     4,643,064

23.3

     3,449,595

17.3

     8,092,659

40.6

2016

     6,115,073

26.7

     3,228,661

14.1

     9,343,734

40.8

2021

     2,724,752

10.8

     1,930,762

7.6

     4,655,514

18.4

2026

     2,877,678

11.4

     2,015,114

8.0

     4,892,792

19.3

 Nota: Los porcentajes están calculados sobre el total de electores.[1] Las discrepancias en la suma respecto de los parciales obedecen al redondeo a un decimal. No se incluye las elecciones de 1995 y 2000 (a pesar de que reforzarían el argumento a presentar) debido a que se dieron bajo un régimen no democrático. Los porcentajes correspondientes a las últimas dos elecciones se destacan en negrita. Las elecciones de 1980 y 1985 no tuvieron segunda vuelta (la primera por disposición constitucional, la segunda por renuncia del candidato que ocupó el segundo lugar).

 

Lo que muestra esta tabla es la caída en el respaldo que logran aquéllos que pasan a segunda vuelta. Cuando en todo el período dicho respaldo combinado representaba a entre 40.6 y 60.7% de la población electoral, en los últimos dos procesos electorales no llegó al 20%.

Así, los ciudadanos nos vemos enfrentados, en las segundas vueltas de las dos últimas elecciones, a una disyuntiva entre dos opciones que pueden ser descritas con propiedad como primeras minorías y no como opciones que representen segmentos importantes de la voluntad ciudadana expresada en las urnas. 4 de cada 5 peruanos no votó por ellos.

Si ahondamos un poco más en los resultados y observamos lo sucedido a escala distrital, notamos que no hay un solo distrito en el que el ganador haya obtenido el respaldo de al menos el 50% de los electores y, si bien ese criterio podría parecer “exigente” (aunque no debería) la situación exacta es mucho peor de lo que uno podría imaginar:

Gráfico 1: Número de distritos según el porcentaje (sobre el total de electores) de votos logrado por el partido ganador

Porcentaje (sobre el total de electores) de votos recibidos

 

Como podemos notar, en 1,337 distritos (70.4% del total) el partido ganador logra menos del 20% del apoyo de los electores. En sólo 79 distritos (4.2% del total), el ganador logra al menos el respaldo del 30% de los electores.[2]

Esta situación explica porque en los últimos años se ha introducido un conjunto de modificaciones legales que, justamente, han sido concebidas “a la medida” de agrupaciones políticas (si bien esta forma de referirse a estas organizaciones puede ser discutible) que no son capaces de generar respaldo ciudadano y, por lo mismo, gobiernos nacidos de este escenario son, como cabe esperar, gobiernos débiles, carentes de un mínimo nivel de aceptación ciudadana.

Asimismo, esta situación debe llevarnos a tomar con cautela afirmaciones categóricas acerca del supuesto respaldo logrado por alguna de las opciones políticas en algunas zonas del país. No es cierto que los distritos más ricos del Perú hayan votado masivamente por alguna opción, como tampoco es cierto que los distritos más pobres hayan actuado de una manera equivalente, pero en otro sentido. Lo que es claro es que en prácticamente todos los distritos del Perú los “ganadores” sólo captaron un respaldo ciudadano minúsculo.

Veamos los datos detallados de todas las agrupaciones que han logrado la primera minoría en, al menos, un distrito:

Tabla 2: Número de distritos en los que los partidos lograron ser primera minoría según el porcentaje de votos logrado (respecto del total de electores)

Primera minoría

Porcentaje con el que se obtuvo la primera minoría

Total

50 o más

40-50

30-40

20-30

15-20

10-15

5-10

<5

Juntos por el Perú

-

4

60

397

342

257

49

1

1,110

Fuerza Popular

-

-

8

73

199

261

46

-

587

Ahora Nación

-

-

-

-

9

45

20

-

74

Partido Cívico Obras

-

-

-

1

15

20

15

-

51

Renovación Popular

-

-

7

11

10

10

-

-

38

Partido del Buen Gobierno

-

-

-

-

11

5

2

-

18

Partido Democrático Somos Perú

-

-

-

-

-

4

1

-

5

Alianza para el Progreso

-

-

-

-

1

1

1

-

3

Alianza electoral Venderemos

-

-

-

-

-

2

-

-

2

Partido País para Todos

-

-

-

-

-

-

2

-

2

Partido político Cooperación Popular

-

-

-

-

2

-

-

-

2

Partido político Perú Primero

-

-

-

-

1

1

-

-

2

Un Camino Diferente

-

-

-

-

1

1

-

-

2

Partido político nacional Perú Libre

-

-

-

-

-

-

1

-

1

Podemos Perú

-

-

-

-

-

-

1

-

1

Nota: Intervalos abiertos en el límite superior. Los partidos están ordenados de acuerdo con el número total de distritos en los que obtuvieron la primera minoría.

 

Como se puede apreciar, el “abrumador” apoyo logrado por Juntos por el Perú en 1,100 distritos es logrado con porcentajes reducidos de apoyo ciudadano. En el 58,5% de los distritos donde “triunfa” no logra ni 20% de respaldo ciudadano. En el caso de Fuerza Popular, en el 86,5% de los distritos donde obtiene la primera minoría sólo logra el respaldo de uno en cinco votantes o menos.

Es decir, estamos ante una parodia de sistema de representación que resulta insostenible.

¿Qué hacer frente a esta situación?

Es claro que se necesita una reforma política profunda, pero, justamente, ésta tendría que ser hecha por aquéllos que teniendo la capacidad de legislar representan, más bien, el problema y que, por ello, lo han agudizado en los últimos años con la intención de fragmentar el voto dado que no sólo no pueden aspirar a ser “cabeza de león” sino, y con las justas, a pulga de cola de ratón. Por lo tanto, la única posibilidad de tener algún nivel de optimismo reposaría en una decidida acción ciudadana que no sólo haga evidente el problema, sino que proponga y demande una solución.

Para ello se requiere que tanto la prensa como los analistas dejen de referirse a los “ganadores” como si, efectivamente, hubiesen ganado algo. Reconocer que son minorías que no representan al país, ayudaría a sincerar las cosas y es por ello que cabe pensar que en esta segunda vuelta podríamos tener una proporción inusualmente alta de voto blanco/viciado que sería perfectamente explicable dado lo antedicho.

Un sistema político democrático requiere de la capacidad para representar a la ciudadanía en su conjunto. Esta capacidad es la que hoy se encuentra ausente en el sistema peruano. ¿Por qué esto es así?

Es posible pensar que el sistema peruano ha logrado basarse en un mecanismo sistemático de selección adversa: queremos a cargo de la cosa pública a personas comprometidas con el interés público y que honren valores y principios democráticos y republicanos y, justamente, el sistema con el que contamos ahuyenta a éstos, les hace la vida imposible si desean servir (veamos cómo reacciona cierta prensa y el aparato de persecución congresal y, en ocasiones, judicial cada vez que aparecen funcionarios probos) de modo que se asegure que los que queden sean sólo susceptibles de pactar contra el interés público. Veamos también como opera el sistema electoral basado en discursos demagógicos en el que si hay algo ausente es la articulación en ideas de una propuesta de vida en común. Veamos también cómo funciona el financiamiento de campañas y el tipo de relación clientelar que los actores políticos buscan establecer con los ciudadanos (es decir, negando su condición de ciudadanos). Finalmente, consideremos la clara vocación autoritaria manifiesta en la búsqueda del control del poder político sin contrapesos y la incapacidad constante para afirmar valores democráticos (reivindicando dictaduras nacionales o foráneas). En todo este escenario, el compromiso expreso con intereses particulares (legales o no) como norte de su accionar y el no sólo no prestar ninguna consideración sino ni siquiera entender en qué consiste el interés público es un elemento central y mayor que explica la crisis.

Estos problemas, hacen manifiesto que el sistema político peruano sea, probablemente, el que hoy mejor ilustra las razones por las que un sistema democrático basado en elecciones no era una buena idea para los que inventaron la democracia. Los atenienses de hace 25 siglos justamente sabían que un sistema electoral produce selección adversa (aunque no la llamaban así), demagogia, compra de respaldos y desprotege el interés público. Sin embargo, en los últimos doscientos años hemos tendido a equiparar democracia con elecciones y hemos luchado por el sufragio universal cuando, todo parece indicar por lo que se observa como crisis de la democracia en todo occidente, que esa equiparación es, al menos, insuficiente cuando no errónea pues confunde el mecanismo (el voto) con el derecho (a la participación y a la representación).

Creo que es tiempo para repensar las cosas desde el principio: ¿cómo lograr un adecuado sistema de representación de la voluntad ciudadana? El sistema electoral basado en seudo partidos claramente no es la respuesta y éstos no van a modificar las reglas de un modo que atienda el interés ciudadano. Evidentemente, la solución no es establecer algún tipo de aristocracia (en el sentido ateniense de la palabra) sino asegurar mecanismos de participación directa y, también de representación. Por ejemplo, un Congreso donde el personal no sea contratado por los congresistas, sino que sean funcionarios de carrera especializados en las diversas áreas de trabajo y que brinden asesoría a las comisiones (y no a los congresistas individuales) ¿no sería una buena idea? ¿No lo sería también que en un espacio profesional como éste la determinación de quiénes son Congresistas obedezca a reglas científicas que brindan una mayor probabilidad de representación? Me refiero, claro está, a la teoría de las probabilidades que está detrás del muestreo probabilístico. No tengo dudas que una selección aleatoria (por sorteo, como se ha hecho y se continúa haciendo en múltiples espacios democráticos) daría un resultado bastante mejor que lo que hemos tenido en, al menos, los últimos 10 años

 

[1] Algunos lectores podrán preguntarse si hacer el análisis considerando como referencia al número de votantes y no al número total de electores sería más adecuado. Me parece que no pues no estamos analizando el resultado electoral per se sino el nivel de representación logrado. En todo caso, eso se resuelve de modo simple: aumentemos un quinto a los valores considerados y, entonces, 10% se convierte en 12% ¿cambiaría ello en algo esta discusión?

[2] En el mismo sentido de la nota precedente, he ejecutado este análisis con los porcentajes de votos (y no de electores) y el patrón se mantiene: sólo en 42 distritos el ganador, Juntos por el Perú, logra un respaldo superior al 50%; y Fuerza Popular sólo supera el 30% (nunca el 50%) en 63 distritos. Sin embargo, en el grueso de los distritos (1,299) los votos del “ganador” no superan el 30%.

Continúa leyendo Punto de Equilibrio n° 65: Segunda vuelta sin segundas oportunidades. Consulta aquí las ediciones pasadas de Punto de Equilibrio.

Artículos Relacionados
Elecciones y democracia hace 12 días
Elecciones y democracia hace 12 días
Elecciones y democracia hace 2 meses

Copyright 2019 - Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico