Texto adaptado de: https://templepress.wordpress.com/
Vi por primera vez la serie fotográfica "The Other" (2001) de Natalia Iguiñiz sobre trabajadoras domésticas y sus empleadoras en algún momento de 2017. Hoy, una de las fotografías de esta colección, titulada "Charo y Rosario", adorna la portada de mi libro recientemente publicado, Searching for Democracy: Women, Domestic Work, and Social Reproduction in Latin America.


Elegí esta imagen porque captura la larga y compleja historia de la relación entre el trabajo doméstico, las mujeres y la relación entre mujeres en América Latina. Aquí podemos ver a dos mujeres de pie una al lado de la otra, con lenguaje corporal y otras distinciones que revelan asimetrías notables. Una va bien vestida, incluso podríamos decir con estilo. Lleva tacones altos, tiene el pelo teñido y peinado, y está maquillada. Se da la espalda ligeramente a la otra mujer, mirando al frente con un aire de confianza. Su contraparte en la foto lleva uniforme, de pie con las manos delante y el dedo índice izquierdo agarrando ligeramente la mano opuesta. Mira fijamente, aunque con modestia, a la cámara.
Aunque la artista busca claramente señalar las diferencias entre estos dos sujetos, también nombra la fotografía "Charo y Rosario", siendo el primero un apodo para el segundo, sugiriendo que puede haber una relación simbiótica entre ambas mujeres. Aunque la foto transmite diferencias en su aspecto, en lo que hacen y en cómo experimentan la vida, al examinarla más de cerca podríamos descubrir que no son tan diferentes. Despojarle a la mujer más alta de sus tacones, maquillaje, color de pelo, peinado y estilo; vistiéndola con un uniforme similar al de la otra mujer de la fotografía y colocándolas hombro con hombro, podrán ser hermanas o familia.
Aunque otras estampas de la serie apuntan a posibles relaciones alternativas entre las mujeres fotografiadas, algunas con ellas paradas hombro con hombro con vestimentas y posturas similares y poco destacadas, en esta Iguiñiz quiere que el espectador vea tanto el contraste como la similitud. Un posible mensaje es que la imagen retrata parte de la vida cotidiana en gran parte de América Latina, como en el mundo. El intento artificial de crear distancias entre dos personas, de modo que una sea asignada al papel más subordinado, ocurre con regularidad. De esta y otras maneras, la servidumbre en relación con los servicios domésticos y de cuidado se normaliza e institucionaliza. Y lo hace a costa de algunas mujeres sobre otras a través de lo que Erynn Masi de Casanova (2013) ha nombrado como una “desigualdad encarnada”. Al mismo tiempo, ambos grupos están entrelazados en su relación con el hogar.
En Searching for Democracy, exploro e interrogo precisamente estos temas, usando esta fotografía como punto de partida. Si estas mujeres no son tan diferentes, ¿por qué existe entonces una brecha tan grande en sus experiencias de vida? Hablo de la idea de que todas las mujeres, ya sean las que gestionan las tareas domésticas o las contratadas para hacer esta labor, son vinculadas a este trabajo. Estos no son roles que les salgan de forma natural a las mujeres. Más bien, las mujeres están especialmente elegidas para estas actividades y son socialmente elegidas para estos papeles. Y, en última instancia, en la narrativa que le dice a algunas mujeres que han llegado a “ser alguien”, que "han avanzado mucho" y que ahora disfrutan de plena igualdad con la otra mitad de la población —los hombres—, otras mujeres menos privilegiadas quedan sosteniendo la escoba, el bebé, el adulto dependiente o todos.
Sin embargo, ambas mujeres, ya sea que estén paradas hombro a hombro o marquen distancia entre ellas; sean pagadas por hacer el trabajo, o lo gerencien, comparten la experiencia de ser responsables en el ámbito doméstico en algún nivel. Y, como argumento a lo largo del libro, el hecho de que sean las mujeres las vinculadas a la domesticidad hace imposible que este género sea plenamente igualitario tanto en lo socioeconómico como en lo político, ya que las cargas del hogar y su cuidado actuarán como determinantes en el trabajo o las actividades vitales que las mujeres asumen.
Para una mujer con mayor nivel educativo, las responsabilidades domésticas y de cuidado pueden influir en el tipo de carrera que elegirá, el número de hijos que tendrá y el número de horas que trabajará fuera de casa. Para una trabajadora doméstica remunerada con relativamente menos recursos educativos y sociales, las responsabilidades hacia su propio hogar y familia pueden determinar que el mejor trabajo posible para ella es este, con potencial de salario regular, pero casi con toda seguridad trabajando en la economía informal. Estará en una lucha constante para que se respeten sus derechos, ya que pocos países supervisan y regulan plenamente los derechos duramente ganados por las trabajadoras domésticas. En última instancia, la postura pulida de la mujer de la fotografía solo es posible porque hay una mujer que asume las tareas en su lugar. Además, como vestigio del colonialismo, para algunas mujeres este éxito se basa en mantener a la mujer con uniforme tanto en la vestimenta literal como en la metafórica, asegurando la posición subyugada de esta última que allana el camino para la movilidad socioeconómica ascendente de la primera y la ilusión de igualdad política.
Está claro que ambas mujeres en la fotografía están atrapadas en el marco. Ambas están de alguna manera ligadas al hogar. Y mientras eso siga siendo así, las mujeres en América Latina y en otras partes del mundo no pueden alejarse mucho de las preocupaciones domésticas y de cuidado. Si realmente las mujeres en nuestras autoproclamadas democracias son seres políticos iguales, deben ser capaces de salir del marco y disfrutar de las mismas oportunidades de autorrealización y la posibilidad de ejercer una variedad de trabajos e intereses. Una vez que las mujeres dejen de considerarse las partes sine qua non responsables en el ámbito doméstico y de cuidado, puede ser posible iniciar una conversación real sobre cómo el trabajo doméstico y de cuidado debe ser realizado por todos y no ser una camisa de fuerza impuesta a un solo género.
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