Economía ambiental

Desde El Niño hasta el Ciclón Yaku: La constante lucha de Perú contra los eventos climáticos extremos, por Jacques Julien

25 marzo, 2025

Artículo de opinión de Jacques Julien, investigador del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP). Este texto fue escrito para el Punto de Equilibrio n°58.

Durante la última década, Perú ha enfrentado fenómenos climáticos extremos que han dejado una huella profunda en su economía, infraestructura y, sobre todo, en la vida de sus poblaciones más vulnerables. En la década de 2015 a 2025, Perú experimentó una serie de fenómenos climáticos de gran impacto, que afectaron principalmente a la costa norte y la sierra sur. Estos eventos han expuesto la fragilidad del país frente a los desastres naturales, evidenciando la necesidad urgente de fortalecer la resiliencia y la capacidad de respuesta ante futuras crisis climáticas (Banco Mundial, 2022).

El Fenómeno de El Niño Costero de 2017, uno de los eventos más impactantes, afectó severamente las regiones de Tumbes, Piura y Lambayeque, causando inundaciones, deslizamientos y daños a la agricultura, con pérdidas estimadas en USD 3,100 millones (1.6% del PIB) y más de 100,000 damnificados (Banco Mundial, 2021). Eventos similares en 2015-2016 afectaron 46,000 hectáreas agrícolas, reduciendo el rendimiento en un 8% y generando pérdidas de USD 80 millones (MINAGRI, 2016). Paralelamente, en 2016, la sierra sur y la selva alta sufrieron sequías severas, afectando cultivos, disponibilidad de agua y ganadería, y poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de miles de familias. En 2018, las heladas y friajes intensificaron la situación, afectando la salud de la población y causando pérdidas en cultivos y ganado debido a la insuficiente infraestructura de riego y protección (SENAMHI, 2016; MINSA, 2018). Más recientemente, el Ciclón Yaku en 2023 trajo lluvias torrenciales e inundaciones a la costa norte y central, regiones que ya habían sufrido los impactos de los eventos de El Niño. La ocurrencia de un ciclón en una zona no típicamente propensa a este tipo de fenómenos podría ser un indicador significativo de cambios en los patrones climáticos, exigiendo una reevaluación de las evaluaciones de riesgos existentes y los planes de respuesta a emergencias para las regiones costeras afectadas (SENAMHI, 2023; IPCC, 2021).

Desde el inicio de 2025 hasta marzo de ese año, las intensas lluvias causaron alrededor de 85 muertos, 9 desaparecidos y 47,789 damnificados, según el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN). Entre los sectores más afectados se encuentran el sistema de salud, con hospitales y centros de atención dañados o inoperativos; el sistema educativo, debido al colapso y la inhabitabilidad de numerosas aulas que interrumpieron el ciclo escolar; y la infraestructura vial, ya que el colapso de carreteras y puentes dificultó el tránsito y el suministro de ayuda a las zonas afectadas. Estos impactos resaltan la urgencia de invertir en infraestructuras resilientes, mejorar los sistemas de alerta temprana y fortalecer los servicios públicos para enfrentar futuras emergencias climáticas, protegiendo a las poblaciones más vulnerables y construyendo un país más sostenible.

No se pueden analizar estos fenómenos sin abordar “el elefante en la habitación”: el cambio climático. En el contexto de estos eventos extremos, el cambio climático se erige como el factor subyacente que agrava la situación. Según el Banco Mundial (2021), el 72% de las emergencias nacionales en Perú están relacionadas con sequías, lluvias intensas, inundaciones y heladas, eventos que se han vuelto seis veces más frecuentes entre 1997 y 2006. Además, se estima que las pérdidas adicionales del PIB debido al cambio climático podrían alcanzar el 15% para el período 2010-2100, afectando principalmente a los sectores agrícola, ganadero y pesquero (Banco Mundial, 2022).

Los impactos sociales de estos fenómenos climáticos son igualmente significativos. El desplazamiento de poblaciones debido a inundaciones y deslizamientos es una de las consecuencias más directas. Por ejemplo, entre diciembre de 2015 y enero de 2016, más de 150,000 personas fueron desplazadas en América del Sur, con Perú entre los países más afectados. Los impactos en la salud incluyen posibles brotes de enfermedades transmitidas por el agua debido a la contaminación de las fuentes de agua después de las inundaciones, y los efectos del clima frío en poblaciones vulnerables, particularmente niños y ancianos, lo que lleva a enfermedades respiratorias. La seguridad alimentaria también es una preocupación importante debido a las pérdidas agrícolas y las interrupciones en las cadenas de suministro, afectando el mercado interno de alimentos básicos durante los años de El Niño (FAO, 2018).

Es crucial destacar la vulnerabilidad desproporcionada de ciertas regiones, como la costa norte y la sierra sur, y comunidades, como las poblaciones de bajos ingresos y rurales. Los hogares de bajos ingresos y las zonas rurales son más vulnerables a los desastres naturales, a menudo debido a viviendas inadecuadas, acceso limitado a recursos y dependencia de medios de vida sensibles al clima (INEI, 2020; CEPAL, 2018). Los impactos sociales se extienden más allá del daño físico inmediato, afectando los medios de vida, la salud y la estabilidad social, especialmente para los segmentos más vulnerables de la población. La interrupción de la educación debido a las escuelas dañadas también tiene consecuencias sociales a largo plazo (OCHA, 2016).

En el contexto peruano, la gestión del territorio y la inclusión social son fundamentales para reducir la vulnerabilidad y construir resiliencia ante desastres climáticos. Sin embargo, el avance ha sido lento: solo 8 municipalidades provinciales de 276 han implementado la Zonificación Ecológica y Económica (ZEE) (Banco Mundial, 2021), y la expansión urbana no planificada afecta al 45.5% de la población urbana, aumentando su exposición a riesgos. Para enfrentar estos desafíos, Perú debe adoptar un enfoque integral que combine medidas de adaptación y mitigación. Esto incluye mejorar los sistemas de alerta temprana para fenómenos como incendios, sequías y crecidas de ríos, e invertir en infraestructura resiliente, como carreteras y sistemas de agua, para reducir daños y mejorar la conectividad en zonas rurales. En el sector agrícola, prácticas climáticamente inteligentes, como el riego eficiente y cultivos resistentes a sequías, pueden mitigar los impactos en la seguridad alimentaria (FAO, 2018).

Los fenómenos climáticos extremos, como el Fenómeno de El Niño Costero y el Ciclón Yaku, han evidenciado la vulnerabilidad de Perú frente a los desastres naturales, destacando la necesidad de un enfoque integral que combine tecnología, inclusión social y planificación territorial. Para fortalecer la resiliencia, es crucial implementar sistemas de alerta temprana avanzados, desarrollar infraestructura resistente y promover la innovación en gestión de riesgos. Además, se debe acelerar la implementación de la Zonificación Ecológica y Económica (ZEE), regular los asentamientos informales y fomentar la planificación urbana sostenible para reducir la vulnerabilidad en zonas de alto riesgo. Ampliar el acceso a seguros agrícolas, como el Seguro Agrícola Catastrófico (SAC), y fortalecer los sistemas de protección social adaptativa son medidas clave para gestionar riesgos y proteger a las comunidades más vulnerables. Asimismo, Perú debe aprovechar fondos internacionales, como el Fondo Verde para el Clima, para financiar proyectos de adaptación y mitigación. Promover una cultura de prevención a través de la educación, la capacitación comunitaria y la integración de temas climáticos en los planes de estudio es esencial para construir una sociedad más resiliente. En definitiva, adoptar un enfoque proactivo y multisectorial, que combine inversión en tecnología, políticas inclusivas y participación ciudadana, no solo permitirá enfrentar los desafíos inmediatos del cambio climático, sino también construir un futuro más seguro y sostenible para todos los peruanos.

 

REFERENCIAS

Banco Mundial. (2021). Institucionalidad, inclusión y territorio: Propuestas para fortalecer la resiliencia del Perú frente a desastres. Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial.

Banco Mundial. (2022, 3 de noviembre). Informe sobre clima y desarrollo de los países: América Latina y el Caribe – Perú. Grupo Banco Mundial. 

Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). (2018). Libro de consulta sobre la agricultura climáticamente inteligente: Resumen de la segunda edición. FAO.

Grupo Banco Mundial. (2021). Hoja de ruta para la acción climática en América Latina y el Caribe (2021–2025). Grupo Banco Mundial.

Banco Mundial. (2018). El impacto económico de los fenómenos climáticos en Perú: Lecciones del Fenómeno de El Niño Costero 2017. Banco Mundial.

Chirinos, R. G. (2021). Efectos económicos del cambio climático en el Perú. Banco Central de Reserva del Perú.

INDECI. (2017). Reporte de emergencias: Impacto del Fenómeno de El Niño Costero. Instituto Nacional de Defensa Civil.

IPCC. (2014). Fifth Assessment Report: Climate Change 2014: Impacts, Adaptation, and Vulnerability. Cambridge University Press.

Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI). (2016). Reporte sobre sequías en la sierra sur: Impactos y medidas de respuesta. Ministerio de Agricultura y Riego.

Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (SENAMHI). (2017). Informe técnico sobre El Niño Costero 2017. SENAMHI.

RPP Noticias. (2017, 24 de marzo). El Niño Costero: Daños ya suman US$3,124 millones según Macroconsult. Recuperado de https://rpp.pe/economia/economia/el-nino-costero-danos-ya-suman-s--noticia-1039319

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