Discriminación social Educación superior y empleo

Politizar el trabajo, por Omar Manky

28 julio, 2020

Columna de opinión del investigador CIUP, Omar Manky publicada en el diario Correo.

Durante dos décadas asumimos al trabajo como un objeto fuera de nuestras relaciones sociales, como si conseguir un empleo dependiese exclusivamente del esfuerzo individual y no de las desigualdades en el acceso a una educación de calidad. Como si en el Perú las personas no llegaran a puestos importantes más por su color de piel o redes personales que por méritos profesionales.

En lugar de eso, apostamos por exportar materias primas, permitir la explotación juvenil e invertir las sobras en ciencia. Celebramos a los emprendedores, pasando por algo que las condiciones en las que operaban era tan precarias que quebrarían en semanas. Los efectos los vemos cada día: empleadores que encierran a trabajadores, como si fueran de su propiedad, en casas, almacenes o minas; despidos colectivos frente a reclamos justos; miles de pequeños negocios cerrados.

En el mundo del trabajo rigió el piloto automático, como sugiere Alberto Vergara en su lectura de nuestras últimas décadas. Y las élites -multinacionales, locales, formales e informales- se aprovecharon de esto siempre que les fue posible, desde grandes empresas arriesgando la vida de los mineros y sus comunidades hasta hogares en los que se impide la salida de las trabajadoras domésticas. Todos abusaron su poder. El país cuyo PBI llegó a crecer a más del 8% es el mismo en cuya capital los jóvenes mueren electrocutados sin más consecuencias que un reportaje dominical.

El Estado peruano no está interesado en proteger a sus ciudadanos, con un Ministerio de Trabajo que recibe menos del 1% del presupuesto nacional. No puedo imaginar un contexto en que sea más necesaria su solidez: necesitamos crear millones de empleos y defender los derechos de las personas más vulnerables. Pero cuando más falta hacen políticas inclusivas, creativas y eficientes, se opta por un ministro sin experiencia política ni perfil técnico. Un ejemplo más de la relevancia de lo “social” en el mundo del trabajo peruano.

El gobierno parece decidido a continuar en automático. Sirve de poco que sigamos pensando y proponiendo políticas públicas sin un entorno adecuado. Al contrario de los deseos del Premier, no necesitamos “menos política”. Hemos tenido treinta años de eso. En cambio, debemos discutir qué queremos, reafirmando la naturaleza social del trabajo: ¿seguir apostando por una relación en la que impone sus condiciones quien más poder tiene? ¿O más bien, crear espacios de derechos donde seamos iguales ante la ley? ¿Crecer innovando, y no solamente pagando poco a nuestros trabajadores?

Frente a la mayor crisis que nos ha tocado vivir en más de un siglo, necesitamos politizar el mundo del trabajo. Necesitamos oír nuevas voces, que no es lo mismo que oír a jóvenes repitiendo la misma vieja receta. Necesitamos, más bien, escuchar y dialogar con quienes arriesgan sus vidas en el sistema de salud, reclamando por mejores condiciones de trabajo, o a quienes se fajan por sus trabajadores a pesar de la crisis y, en lugar de despedirlos, salen juntos adelante.

*Foto: ANDINA

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