China y Asia-Pacífico Economía ambiental

Perú y China: una relación asimétrica con un reto ambiental pendiente

09 julio, 2020

La auspiciosa dinámica comercial entre Perú y China debe incluir un capítulo ambiental y el reconocimiento de la consulta previa en la renegociación del TLC, proponen Germán Alarco, investigador de la Universidad del Pacífico, y sus coautores Ciro Salazar y Denisse Linares, especialistas de Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR).

La celebración del bicentenario de la independencia del Perú coincidirá con los 50 años de relaciones diplomáticas con China, nuestro principal socio comercial. Por ambas razones, es un momento propicio para pensar cómo fortalecer la agenda bilateral, considerando la reciente adhesión del Perú a la megainiciativa china La Franja y La Ruta, y la renegociación del TLC entre ambas naciones. En buena cuenta, se trata de pasar a una nueva etapa de relación, igual de duradera, pero más determinante para el desarrollo del Perú.

A pesar de que las relaciones diplomáticas y comerciales se han dado en un contexto de mercado, hay una presencia muy fuerte del Estado chino, a diferencia del peruano, sobre todo en cuanto al planeamiento, estrategia y promoción de sus inversiones. Esa asimetría, sin duda, inclina la balanza hacia el otro extremo del Pacífico, y dado que la relación económica con el gigante asiático se concentra en el sector extractivo, los retos futuros podrán vislumbrarse sobre todo en el plano ambiental.

Esa es la advertencia del artículo de investigación “Economía, ambiente y derechos humanos en las inversiones chinas en América Latina”, elaborado por Germán Alarco, investigador del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), junto con sus coautores Ciro Salazar y Denisse Linares, especialistas de la organización Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR).

El capítulo ambiental pendiente
Es dentro de ese marco que el Perú se encuentra renegociando el TLC con China, suscrito en el 2009. Y todo apunta a que —según los autores del estudio— esta nueva versión no incluirá un capítulo ambiental. Esto es especialmente delicado, debido a la naturaleza de la relación bilateral: “La inversión y el comercio promovido por China se centra en una inserción tradicional y subordinada de la economía peruana, basada principalmente en nuestras materias primas mineras y pesqueras. Esto, a mediano y largo plazo, podría tener poco provecho para el Perú”, indicó Alarco durante la presentación del artículo de investigación, vía Zoom.

Además, los autores advirtieron que, desde el 2013, se ha observado un proceso de debilitamiento institucional y normativo ambiental en el Perú y, en general, en Sudamérica. “Detectamos claramente este mismo fenómeno en varios países de la región, independientemente de sus tendencias políticas. Y esto coincide con el fin del llamado boom de las materias primas”, señaló Salazar, lo cual indicaría que la flexibilización de los estándares ambientales es una estrategia para atraer a los inversionistas.

Esto tiene resonancia con lo que Cynthia Sanborn, profesora e investigadora de la Universidad del Pacífico, señaló como parte de sus comentarios sobre el artículo: entre vecinos —principalmente Chile, Colombia y Perú—, hay cierta competencia para ver quién será el hub para las relaciones con Asia-Pacífico. “Lamentablemente no hemos logrado un nivel mínimo de coordinación multilateral dentro de América Latina, sino que cada uno busca mejorar su relación bilateral con China y otras potencias, y eso a la larga nos puede debilitar a todos”, anotó Sanborn.

Planeamiento y diversificación
Un punto de análisis recae sobre el riesgo que implica la sobreexplotación de recursos naturales, debido a las inversiones en el sector extractivo, en las que está presente China. “A largo plazo, habrá un problema de sobreproducción de cobre respecto de la demanda. Y, como consecuencia, tendremos un panorama de precios internacionales del cobre descendentes”, advirtió Alarco. Agregó que este escenario significaría menos ingresos fiscales, además del agotamiento de las materias primas.

En ese sentido, los autores señalaron que el Perú necesita elaborar un planeamiento estratégico, a partir del cual se logre “promover inversiones chinas en sectores no extractivos”. Y eso es posible si consideramos la evolución de la canasta exportadora del gigante asiático respecto a la peruana: en las últimas décadas, no solo ha habido un crecimiento de las exportaciones de China, sino que el 93.7 % son manufacturas, mientras que en el Perú estas representan tan solo el 10.4 %.

Sin embargo, aunque la importancia de la diversificación productiva es reconocida a nivel internacional e, incluso, es urgente en una economía basada en los sectores primarios, en el Perú aún no se avizora su verdadero potencial, pese a que es determinante cuando se trata de promocionar el comercio internacional, sobre todo con China.

“En el Perú la política comercial va por delante y separada de la estrategia productiva. Yo creo que es muy importante no solo relevar la importancia del planeamiento estratégico, sino también centrar el asunto de la diversificación productiva como una política fundamental”, sugirió Alarco.

La Franja y la Ruta
Es posible transitar ese camino de cuidado del medioambiente y diversificación productiva con China, puesto que el gigante asiático tiene un especial interés en fortalecer dichos aspectos. Y esa renovada relación puede ser parte de la adhesión del Perú a La Franja y La Ruta, la mayor iniciativa de la historia china en cuanto a promoción de infraestructura, integración económica y conectividad, a la cual ya se han sumado 126 países.

Se calcula que completar esta megainiciativa haría imposible el cumplimiento del Acuerdo de París, en vista de que la temperatura global aumentaría más allá de los 2°C, razón por la que el país oriental tiene compromisos ambientales por llevar a cabo. En ese sentido, China —antes “un paria en materia de gestión ambiental y cambio climático”, como se describe en el artículo—, ha pasado a ser uno de los países líderes que impulsa reformas políticas en estas áreas, y se ha comprometido a cumplir sus obligaciones “extraterritoriales” ante organismos internacionales como la ONU.

Los autores proponen, entonces, que dichas obligaciones en el Perú puedan materializarse en el capítulo ambiental del TLC con China, y que se reciban aportes de las organizaciones indígenas, debido a las grandes inversiones chinas que se vienen realizando en sus territorios (Lote 58, Hidrovía Amazónica, etc.) y al hecho de que dicho país no reconozca el término “pueblos indígenas” y, por ende, tampoco el derecho a la consulta previa.

“Nosotros, los asháninkas peruanos, así como los chinos, también necesitamos desarrollarnos. Ofrecemos más de 500 años de protección y conservación de nuestra biodiversidad”, declaró, a propósito del estudio, Lizardo Cauper, presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP). He ahí el principal desafío en el marco de los 200 años de independencia del Perú y los 50 años de relaciones diplomáticas con China.

Artículos Relacionados
Economía ambiental hace 5 días
Economía ambiental hace 17 días

Copyright 2019 - Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico