Desarrollo y economías emergentes China y Asia-Pacífico

Nuevos socios, antiguas heridas: América Latina, China y los retos de su cooperación

10 enero, 2020

Cynthia Sanborn, investigadora del CIUP, analiza la relación comercial y de cooperación entre China y América Latina, considerando las particularidades y desafíos del líder mundial y de los estados latinoamericanos.

La investigadora del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), Cynthia Sanborn se presentó en la conferencia internacional “Las relaciones entre China, Estados Unidos y América Latina en un orden internacional cambiante” (“China, US and Latin America Relationship in a Transforming International Order”), organizada por el Shanghai Institute for International Studies (SIIS), el 30 de octubre de 2019 en Shanghái. A continuación, compartimos un resumen del discurso de la investigadora en dicha conferencia.

Por estos días, el presidente Jair Bolsonaro, de Brasil, visita China; el Amazonas había estado ardiendo pocas semanas antes; y Chile, literalmente, también había estaba siendo incendiado, como parte de la convulsión social. El Perú no es ajeno a este contexto y suele decretar estados de urgencia cuando las fuerzas policiales son superadas por las protestas contra mineras en el sur del país. En Ecuador, se tomaron medidas drásticas de contención contra los ecuatorianos que se quejaban por razones similares. Mientras tanto, 4,5 millones de venezolanos han huido de su país y ahora son refugiados en toda nuestra región.

¿Qué tienen en común estas situaciones? Por un lado, Venezuela y Ecuador han sido llamados países con "maldición de los recursos", estados ricos en petróleo pero endeudados, que no pueden alimentar ni proteger adecuadamente a sus ciudadanos. En paralelo, Chile y Perú, abundantes en minerales, han sido considerado casos exitosos de pequeñas economías abiertas, con políticas eficientes y un crecimiento positivo, pero gran inequidad socioeconómica. Brasil juega un rol aparte, amparado en su tamaño de superpotencia regional; y que hasta hace poco era nuestro socio principal para la cooperación Sur-Sur. América Latina comparte un legado histórico de dependencia de la extracción y exportación de productos primarios y, a la vez, antiguas heridas. Aunque oficialmente son "países de ingresos medios", tienen niveles extremadamente altos y permanentes de desigualdad en ingresos, riqueza, propiedad y derechos de propiedad, acceso a agua limpia, educación decente, atención médica y otros.

La institucionalidad en la región empeoró con la corrupción en dos formas: (1) Los sobornos y coimas por obras públicas, con la adjudicación de contratos o el incumplimiento de las normas. (2) El poder del dinero (especialmente sucio) en las elecciones y la política se ha generalizado; y la incapacidad de los políticos para cumplir sus promesas sociales, combinada con intereses privados, han alimentado una creciente frustración.

Algo más en común entre los países de la región son sus importantes relaciones con China. En América del Sur, China ha reemplazado a los Estados Unidos como el socio comercial líder, el principal mercado para el que se produce y la mayor fuente de inversión extranjera directa. "Nuevos socios, antiguas heridas" podría dar pie a que estas relaciones sean diferentes, evitando las heridas del pasado.

China comercia e invierte en el Sur
Como China es un país en desarrollo, sus relaciones con América Latina y el Caribe (ALC) son inherentemente distintas, constituyendo una "cooperación Sur-Sur" hacia resultados mutuamente beneficiosos y progreso sostenible. Al mismo tiempo, los países anfitriones tienen la responsabilidad de decidir qué préstamos tomar, qué proyectos promover, cómo regular a los inversores extranjeros y cómo satisfacer las necesidades de su población.

El comercio y la inversión de China han generado actividades con alto riesgo ambiental, baja creación de empleo y elevados niveles de conflicto social. Tanto Perú como Ecuador están envueltos en conflictos similares por las grandes minas de cobre chinas, con problemas comunes de raíz. La necesidad de China por nuevas fuentes de materias primas, y antecedentes de nuestros Gobiernos de bajar los estándares para satisfacer a los inversores extranjeros, es parte importante de esta historia.

América Latina necesita más y mejor infraestructura, y conectividad interna y externa, pero carece de los recursos para hacerla sola. Necesitamos infraestructura para generar energía y facilitar el transporte sin destruir las comunidades ni el entorno natural. Necesitamos diversificación con igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres.

Varios líderes latinoamericanos lo reconocen y están trabajando en ello, al igual que muchos en China. Pero hay demasiados que no. China podría ser un nuevo actor en esta región, pero los conflictos sociales y ambientales tienen siglos de antigüedad, y su resurgimiento demuestra su vigencia. Estos problemas, clave para las relaciones con China, deberían ser una prioridad en la discusión académica.

¿Qué estamos aprendiendo unos de otros y cómo ayuda? Necesitamos más colaboración entre pares y capacitación de cada lado con trabajo de campo en China y en el extranjero. También debemos preguntarnos ¿cuál es el papel de la academia? Para algunos, la idea es contribuir a un mejor análisis y monitoreo de riesgos en el terreno, trabajar como consultores, o directamente en el Gobierno o la industria. Para otros, realizar investigaciones independientes y análisis críticos donde sea necesario. Ser constructivo, pero hablar cuando se requiere corrección. Enseñar y capacitar a las nuevas generaciones de líderes también es clave, asegurarnos de que nuestros estudiantes estarán mejor dotados que nosotros para curar esas antiguas heridas de una vez por todas.

Para seguir leyendo las palabras de la investigadora y conocer su análisis sobre los estándares globales necesarios en la relación entre China y América Latina, ingresa aquí.

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