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La cuarentena y la equidad de género en las tareas del hogar, por Manuel Barrón

31 julio, 2020

Columna de opinión del investigador CIUP, Manuel Barrón.

La equidad de género es un reto en todo el mundo. Este fenómeno tiene muchas aristas, como el acceso a la educación, la violencia doméstica y las condiciones laborales. En esta breve nota me centraré en la equidad de género en las tareas del hogar. Es bien sabido que en nuestro país la mayor parte de estas tareas son realizadas por mujeres, pero muchas veces ignoramos las consecuencias que esto tiene en el mercado laboral. Pensemos por ejemplo en el proceso de contratación. Es probable que un empleador prefiera a un candidato por encima de una candidata con similares -o incluso mayores- habilidades, asumiendo que la mayor carga de labores domésticas de la candidata reducirá su disponibilidad para las tareas del centro de trabajo. Esto puede ocurrir también al asignar responsabilidades entre trabajadores, lo que repercute en la determinación de salarios y en la probabilidad de ascensos, así como en el clima laboral en general.

La inequidad de género en las tareas del hogar tiene muchas causas, pero me enfocaré en la subestimación del esfuerzo que requieren. Los humanos tendemos a subestimar el esfuerzo requerido por casi cualquier tarea, un sesgo cognitivo llamado la “falacia del planeamiento”. Este sesgo es acentuado en el caso de tareas con las que no estamos familiarizados, lo que lo ata íntimamente a las tareas del hogar: si pasamos gran parte del día fuera de casa, ya sea estudiando o trabajando, lo más probable es que no estemos familiarizados con estas tareas, lo que implica que subestimemos substancialmente la habilidad, el tiempo y el esfuerzo -tanto físico como mental- requeridos para realizarlas.

El tiempo que hemos pasado en casa durante el reciente periodo de cuarentena nos ha permitido apreciar, consciente o inconscientemente, las labores del hogar de una forma más cercana. Esto debería ayudar a revertir la falacia del planeamiento. El reto es que esta nueva apreciación se traduzca efectivamente en un reajuste de las tareas del hogar a favor de una mayor equidad de género. ¿Cómo lograrlo? Es una pregunta amplia pero un camino promisorio es el diálogo. En cada hogar funcionará algo distinto, pero déjenme contarles el ejemplo del mío. Al principio de la cuarentena, mi esposa y yo hicimos una lista comprehensiva de tareas del hogar, las dividimos en dos y -aquí está la clave- las intercambiábamos diariamente. Para que esto funcione fue vital hacer un horario y seguirlo al pie de la letra en lo posible, con cierta flexibilidad cuando fuera necesario. También fue importante aprender a decir que no a las actividades laborales fuera del horario de oficina, porque imponen una mayor carga en el cuidado de nuestro hijo sobre la otra persona y recortan el precioso tiempo libre, clave para mantener la salud mental y para una convivencia feliz.

La equidad de género en las tareas del hogar es solo una dimensión de un problema multidimensional, pero es un primer paso muy importante en pos de la equidad de género, y uno que depende de nosotros mismos.

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