Gestión pública Economía ambiental

El “estacionamiento gratuito” o el mito que conspira contra el ambiente limpio

17 febrero, 2020

Sofia Franco, profesora del Nova School of Business & Economics, una de las escuelas líderes de economía y negocios de Portugal y Europa, demostró que todo parqueo —incluso el que podemos tener en casa o el que nos brinda el centro de trabajo— tiene un precio económico, cuyo valor es ignorado por muchos y que, a la larga, termina siendo pagado por los propios ciudadanos, en costos más caros de vivienda y bienes, además de sufrir una calidad de vida inferior por un ambiente más contaminado.

Sofia Franco, investigadora del Nova School of Business & Economics mostró el costo real que tienen los estacionamientos y, el hecho de que las personas citadinas asuman que es gratis, influye en la decisión del vehículo para movilizarse y, ultimadamente, contribuye al tráfico, que a su vez genera problemas y gastos económicos para las personas y el Estado. La economista analizó el caso de la ciudad de Los Ángeles, usando herramientas enseñadas en el curso de verano de análisis espacial, uso de la tierra y el ambiente, organizado por la Facultad de Economía y Finanzas de Universidad del Pacífico (UP) en enero del 2020.

Franco fue parte de la plana docente de dicho curso —“Spatial Analysis, Land Use and the Environment”— realizado en las instalaciones de la UP para 28 participantes, provenientes de entidades públicas como el BCR y la SBS; la academia y otros centros de investigación pares del Centro de Investigación de UP (CIUP).

El estudio de Franco, especialista en economía urbana y de transporte, Parking Prices and Availability, Mode Choice and Urban Form, fue presentado a sus colegas investigadores y asistentes de investigación del CIUP a fines de enero 2020, para compartir sus hallazgos de la influencia del supuesto parqueo gratuito en el modo de viaje y el ordenamiento urbano en esa mega ciudad, y que se podría replicar en urbes como la propia Lima, dada su caótico sistema de transporte. Así, Franco evaluó los impactos en la elección del vehículo para transportarse y en el tráfico por la legislación denominada Requerimientos Mínimos de Parqueo (MPR por sus siglas en inglés), normativa que se colige de la investigación que no está vinculada con las necesidades del mercado y, por ende, termina contribuyendo a un exceso de oferta de estacionamientos en muchas zonas.

Los Ángeles es una de las ciudades con mayor congestión vehicular en el mundo y la de mayor tráfico en Estados Unidos. Franco aseguró que, según estadísticas del área metropolitana de Los Ángeles, del 2019, solo por la congestión vehicular, la pérdida de tiempo por conductor es de aproximadamente 190 horas anuales; el gasto de combustible extra es de 35 galones por persona al año, y el costo de la congestión por cada chofer/hora-hombre es de alrededor de 25 400 dólares anual. Cabe precisar que la mayoría de estos vehículos atrapados en las vías de la ciudad transportan a un solo conductor.

Una ciudad tan auto-dependiente como Los Ángeles necesita espacios donde estacionar o almacenar sus vehículos. Por ello, tiene una regulación que obliga que los hogares y los empleos brinden estacionamientos, cuyo número depende del uso que se le va a dar. “Si vas a construir un edificio unifamiliar, tienes que proporcionar dos estacionamientos por casa. Para uso comercial, “debes proporcionar un espacio de estacionamiento por cada 500 pies cuadrados de área de construcción”, precisó la investigadora. En paralelo, también hay una serie de subsidios privados para el estacionamiento.

El parque automotor de Los Ángeles sigue en aumento, pero los ciudadanos nunca tienen problemas para conseguir estacionamiento. Entonces, ¿quién paga estos estacionamientos “gratuitos”? La investigadora explicó que el costo del parqueo se cobra a las expensas de otros: “este precio se capitaliza porque los desarrolladores no soportan ese costo por sí mismos”, detalló. El monto pasa a ser pagado por el consumidor final, sea en forma de un mayor alquiler o compra de residencia o pagando más por los bienes que adquieren.

“Por lo general, a la gente le gusta tener un espacio de estacionamiento justo al lado de donde sea que sea su destino final”, aseguró Franco, quien comparte sus días laborales entre Los Ángeles y Lisboa. Ella afirma que los ciudadanos de Los Ángeles saben que siempre tendrán dónde guardar su auto, y que el espacio será “gratuito” o en el peor de los casos, extremadamente barato. Sin embargo, aclara que es una percepción falsa puesto que los estacionamientos, y el suelo donde están, realmente tienen un valor elevado, y son pagados por un tercero directamente (el empleador) o indirectamente por los propios usuarios, por ejemplo, al comprar cosas más caras de proveedores de productos y servicios que financian estacionamientos para sus trabajadores.

Aunque los estacionamientos “gratuitos” que brindan los empleadores están incluidos en el contrato laboral, en realidad no lo son porque se dan a expensas de disminuir los salarios, y lo que es peor, tanto de quienes conducen autos, como de quienes son peatones o usuarios del transporte público. “Los que no manejan están subsidiando estos beneficios que tienen los conductores”, dijo Franco.

En promedio, en el Condado de Los Ángeles, se estima que construir un estacionamiento en la superficie puede costar alrededor de 3 400 dólares; en una estructura área en el parqueo: 4 500 dólares y en un estacionamiento subterráneo, de 11 000 a 27 000 dólares.

La investigadora encontró que, en Los Ángeles, algunos ciudadanos estacionan sus autos en la pista en zonas residenciales, y le dan otro uso al estacionamiento que tienen dentro de su propiedad, que usualmente es de almacenamiento.

Franco agregó que, debido a los efectos distorsionados de la obligatoriedad de parqueos, sí como por la necesidad de reducir el tráfico urbano, varias ciudades en Estados Unidos y en otros países la están eliminando, al menos en ciertas áreas citadinas. Por ejemplo, en la Ciudad de México se suprimió la norma de los estacionamientos en 2017, y en Los Angeles se flexibilizó para ciertas zonas en el centro principal de dicha ciudad.

Ella propone que, en general, en las ciudades que exigen la tenencia de estacionamientos, se modifique la legislación para evitar la proliferación de los estacionamientos, que a la larga redundará en un mayor uso del transporte público —si hubiera— o en modos de movilizarse más saludables para la salud humana, como las bicicletas, y el ambiente urbano.

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